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jueves, 19 de junio de 2008

Viaje a Japón: Final de Trayecto

Todo ya estaba preparado y nosotros listos para irnos, y a pesar de que el hotel no nos gustó nada no queríamos irnos, incluso dejar el bus que nos llevaba a la estación nos daba pena, pero ya se estaba acabando. El “Haruka” nos llevaba al aeropuerto de Kansai que se encontraba en una isla artificial de lo más impresionante. De echo puedes admirar la grandeza cuando el tren va por encima del agua viendo de fondo la isla, vamos alucinante es poco. Una vez llegamos facturamos con el miedo de facturar las espadas de kendo, pero no nos quedó otra. La última curiosidad que nos llamó la atención fueron las salas de fumadores que había dentro, impresionante con sus sofas y silones, con ceniceros por todos lados, claro que patrocinadas por Mild Seven pero hay que decirlo, son una pasada.

Finalmente cogimos el vuelo camino a Paris, que mira que tuvimos mala suerte porque el regreso fue accidentado por todos lados. Era un vuelo compartido entre Air France y JAL pero toda la tripulación era francesa. Comenzamos que todo lo que quisieras durante el vuelo exceptuando las comidas importantes, te lo ponías tu, vamos un Self service, con lo que en media hora de vuelo ya no quedaba casi nada, luego nos tuvieron un montón de horas sin comer bien porque nos sirvieron la comida en horario Europeo y ahí la liamos, en un vuelo de once-doce horas sólo hacer una comida en condiciones te deja medio muerto. Una vez llegó la comida uno de los menús a elegir se había acabado y el otro resultaba que todo llevaba mahonesa a la que soy alérgica, con lo que al pedir otra cosa la azafata me hechó la bronca, decía que tenía que haberlo dicho antes de subir al avión, yo le rebatí que mi caso no era como el de un celíaco, y que en todos los viajes intercontinentales que hecho nunca ha habido ningún problema. Al final conseguí que me trajeran varios quesos y unas tristes hojas de lechuga que sacaron de la primera clase… Por último ahora que lo recuerdo ni siquiera la información del vuelo la dieron en inglés, todo en francés y japonés. Vamos que una travesía que no se la deseo a nadie, excepto a los dos españoles que iban delante de nosotros que fueron un poquito… mejor no decirlo pero que se echaron el asiento tan hacia atrás que no podíamos ni levantarnos en condiciones.

Muertos de cansancio llegamos a Paris donde nos hicieron salir de la terminal y de la zona de pasajeros para volver a entrar, quizás es porque era once de septiembre pero estaban más que quisquillosos, la maleta que llevábamos pequeña pitó no se porqué ya que en Kansai no tuvimos problemas, pero bueno nos entretuvieron un buen rato e incluso se llevaron mi pasaporte y tarjeta de embarque. Cuando ya acabamos de resolver todas las dudas nos dejaron pasar, menos mal que nos sobraba algo de tiempo para comer algo y reponer fuerzas.

El siguiente vuelo fue mejor y más comodo, se nos hizo rápido como no, pero aún estábamos nerviosos por saber si nuestro equipaje había llegado bien, más que nada que no hubieran perdido o roto mis espadas, pero tuvimos suerte y llegó todo bien pero por si acaso lo comprobamos, excepto el guardia civil que nos debió ver cara de fumaos, no era para menos y nos paró, pero nada importante.

Al final llegamos a Madrid, a casa, pero estábamos tristes y cansados, y a pesar del sueño que teníamos no queríamos dormir, había tantas cosas que habíamos vivido, la gente que conocimos, era como si hubieramos despertado de un sueño que jamás olvidaremos. Y es que de todos los viajes que he hecho me quedo con esta aventura japonesa que esperamos repetir en este 2008 y con más días para disfrutar. Os recomiendo a todos que es un viaje que hay que hacer al menos una vez en la vida porque no os arrepentiréis, y no os dejéis engañar por esos que van diciendo que Japón es caro, que el idioma, el metro, no hay excusa de verdad, es un viaje agradable e interesante y que puede variar según tus gustos puesto que tienes de todo, pero ahí reside el encanto. En resumen una experiencia inolvidable.

El tren que nos llevó al aeropuerto

Ya en el aeropuerto con mi shinai y el bokken a la espalda

Parte de una de las salas de fumadores de Osaka-Kansai

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viernes, 9 de mayo de 2008

Kioto IV: Kiyomizu-dera

Nuestro camino seguía y nuestra siguiente parada es una que prácticamente es una de las obligadas para todo visitante en Kioto el "Kiyomizu-dera" o Templo del Agua, que por cierto es patrimonio de la humanidad. Sinceramente si andas por allí ves porque no vas a arrepentirte, es una maravilla tanto en su estructura como estéticamente, a nosotros nos impresionó mucho sobre todo cuando la gente rezaba sus oraciones y resonaba uno de esos cuencos como los tibetanos que de veras te paralizan.

Se debe explicar que realmente Kiyomizudera son varios templos budistas y coge el nombre de las cascadas que hay en el recinto. El templo principal que responde a ese nombre y es reconocida por su terraza que sobresale de la colina dándonos unas de las más hermosas vistas de la ciudad. De hecho hay una historia curiosa , si saltas y pides un deseo en el caso de sobrevivir se cumplirá(esto se remonta a la era Edo), pero estoy en nuestros días está prohibido, ya os imagináis porque, pero por lo visto sobrevivía bastante gente pues es una caída de alrededor 13 metros y la vegetación ayudaba a ello, aún así mejor no hacerlo.

Otro lugar interesante por el que pasaréis es el santuario Jishu dedicado al dios del amor y de los buenos matrimonios (Okuninushino-Mikoto). Y por último para ir acortando debajo de la sala principal está la cascada Otowa-no-taki que se bifurca en tres canales, agua que puedes beber si haces cola y se dice que es para tener salud.

Saliendo de tanta descripción (lo mejor las fotos como siempre), cuando fuimos a la subida, que es una larga cuesta a ambos lados de la calle hay tiendas y puestos variopintos en los que podréis encontrar productos artesanales de la zona a comida y dulces del lugar, que no hay que perderse. Además de esto encontramos a un lado en una casa creo unas flores preciosas en una especie de arriate con un cartel muy curioso en inglés y en japonés que venía a decir que si te parecían bellas las flores que no te sentaras para no estropearlas, pero escrito como si las flores fueran las que hablaran. También ya llegando tuvimos la suerte de encontrarnos con una gheisa a la que esta vez no dejaríamos escapar, fue muy agradable y posó para nosotros, aquí la tenéis.

Luego a la bajada en busca de algunos recuerdos más encontramos al final una tienda que verdaderamente valía la pena en cuanto kimonos y yukatas, que no eran de esas brillantes y finas que parecen más souvenirs que otra cosa. La tienda es pequeña pero encontraréis kimonos y demás accesorios a buen precio y de muy buena calidad y está justo en la calle que desemboca más grande y transitada, a la izquierda donde la parada de bus hay una tienda pequeña. Nos atendió una chica muy agradable que aunque no tenía idea de inglés nos atendió genial y nos ayudó en todo momento, al final nos llevamos una preciosa yukata malva con lirios y un obi de seda marrón aunque me lo hubiera llevado todo. Antes de irnos cuando estában empaquetando las cosas y cobrándonos salió de la trastienda un hombrecillo mayor como una pasita que me miró, y no se si fue por ver mi cara de ilusión o por educación, pero habló con la chica y nos dijo que eligiéramos un abanico a juego que era un regalo de la casa. Yo con eso de que nos quedaba poco para irnos y la emoción con el regalo casi me pongo a llorar, desde luego ambos hicimos una sentida referencia y ellos nos correspondieron. Es incríble ver el cariño y el respeto que pueden darte si ven que aprecias de corazón su cultura, desde luego te hacen sentir hasta querido y cosas como estas son buenos recuerdos que nos han regalado.

Y bueno ya se nos hacía tarde y volvimos a la estación para comprar los billetes del Haruka que nos llevaría al aeropuerto y de paso comprar algunos recuerdos más. Hay que mencionar que en la estación hay una tienda de tartas que dan ganas de lamer el escaparate, pero es sorprendente los colores y composiciones que pueden llegar a tener, os dejaré una foto. De allí como no fuimos al hotel recorriendo una última vez ese camino cabizbajos y es que casi tres días saben a poco, muy poco. Así llegó nuestro último día a su fin en Kioto y en Japón con un hermoso atardecer entre las pobladas montañas.




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martes, 6 de mayo de 2008

Más imágenes del Ginkaku-ji

En el anterior post me quedé con ganas de poner unas cuantas fotografías más a las que les tengo un cariño especial, la verdad que era difícil tener la cámara quieta con tanta belleza así que a continuación os dejo el resto de fotos que se me quedaron en el tintero la semana pasada que espero os gusten y ya continuaré mañana mis andanzas por Kioto.


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jueves, 1 de mayo de 2008

Kioto III: Ginkaku-ji - Tozando

Un nuevo día nos esperaba y queríamos hacer mucho quizás demasiado y teníamos que organizarnos bien. Esta vez optamos de nuevo por ir en autobús (mala elección) para ir al Ginkaku-ji (su nombre formal es Tozan Jishoji.), el templo del pabellón de Plata (templo zen), aunque este al contrario que el de oro no está recubierto por el noble metal a pesar de ser esa la idea que como supondréis nunca llegó a ejecutarse. A pesar de ello no tiene que envidiarle nada al Pabellon de Oro, entre otras cosas porque el jardín zen que hay antes de llegar al pabellón es un verdadera maravilla que te deja hipnotizado, parece mentira que se mantenga a pesar de la climatología, cuando estuvimos llovía y hacía aire y allí nada se descolocaba. Nosotros nos quedamos un buen rato allí, y es que tenía algo, los surcos en la arena, las formas, la composición... como si entre la materia inerte hubiera una fluidez invisible... es algo que es mejor ver. Nuestra visita duró bastante como casi siempre sobre todo porque el recorrido era increíble, pasear entre esos árboles era como retroceder en el tiempo, además no había demasiada gente por lo que disfrutar de un sitio así en tranquilidad era un gusto. Ahora si, si tenéis pensado ir a visitarlo en este año avisaros que por el momento el pabellón está siendo renovado y cubierto por una estructura que hasta la primavera del 2010 no acabará. Aún así es recomendable ir.



A la salida de vuelta a coger el bus fuimos a una pequeña tienda que casi pasaba desapercibida habíamos visto antes pero que era muy interesante dedicada exclusivamente a objetos lacados, desde palillos, cuentos, bandejas,etc... todo una maravilla, desde luego los palillos que compré da pena usarlos así que son sólo para ocasiones especiales, también me llevé un pequeño espejo que cuando lo enseño la gente se queda boquiabiera. Si buscaís algo de lacado es una tienda muy recomendable y está en la misma calle que el pabellón un poco más delante del paquecillo y de una caseta de información, en la acera contraria, casi llegando al cruce.

Después de nuestra placentera visita fuimos en el bus a una conocida tienda de equipaciones de artes marciales como el kendo, el iaido o el aikido porque como no necesitaba una equipación de kendo como manda la tradición. En ningún momento imaginábamos que nos llevara demasiado tiempo pero alli nos esperaba uno de los momentos más agradables del viaje. Nada más entrar a mi ya se me caía la baba pero duró poco, enseguida apareció un chico muy simpático al que le comenté lo que venía buscando. Cuando llevábamos un rato y mientras me decidía por un bokken nos preguntó de donde éramos a lo que nos respondió que había alguien que sabía español y que iba avisarle. Nuestro amigo era un italiano que llevaba unos cuantos años viviendo allí, fue con humanidades y acabó en el proyecto de esta tienda que no está mal decir que es una de las más importantes en venta por internet. Así comenzó una amena conversación de lo más curiosa hablando entre japonés, inglés, español e italiano, y tan a gusto que estábamos los cuatro que pasó mas de hora y media, eso si nos contamos de todo desde como se vive en Japón, temas de inmigración, kendo, como está ahora Europa...vamos de todo pero lo que nos chocó a todos sin duda es que esta persona trabajando en una tienda ganaba más que un analista, impresionante. La verdad aprendimos mucho y compartimos un buen momento así que muchas gracias, además de por el tenugi que me regalaron. Además salí de allí con un montón de cosas como la preciosa hakama de algodón o un bokken precioso. Desde luego la próxima vez que vayamos a Kioto les llevaremos un buen regalo por hacernos sentir como si estuviéramos en casa.

De allí salí con mis espadas al hombro (en su funda claro) y una curiosidad desde entonces tanto en el autobús como por la calle la gente cambió su actitud, me dejaban paso e incluso un señor bastante ancianito me cedió el paso al salir de la mesa del restaurante donde comimos, yo le dejé a él pero insistió en que pasara primero, me llamó un montón la atención y aún me pregunto si es porque vió que soy un kendoka guiri sino no tengo otra idea. Los únicos que me miraban raro, quiero decir algo mal, fueron los chicos jóvenes que vimos en el Kiyomizu, que por cierto esta visita nos dió para mucho así que para el siguiente post.




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martes, 29 de abril de 2008

Kioto II: Gion - Cena en el río Kamo

Una vez ya saciada nuestra curiosidad fuimos al barrio de Gion, conocido por sus gheisas lo que le lleva a ser bastante turístico. La razón su aire melancólico, con calles estrechas llenas de casas de madera, vamos la imagen nostálgica y más romántica del Japón. Como estábamos cansados y se acercaba la hora de la cena, nos sentamos a tomar un te helado en una pequeña terraza de una cafetería mientras decidíamos que hacer para cenar. Al final decidimos ir a un tailandés que hay en la orilla del río Kamo o mejor dicho sobre él, puesto que sobre este río a lo largo de la orilla hay muchos restaurantes que tienen terrazas que están justo sobre el agua y el margen.

Nos costó un poco llegar ya que está un poco escondidillo pero una vez encontrado merecía la pena. Cenamos como no en la terraza rodeados de farolillos y un ambiente relajado. La comida en pocas palabras deliciosa y una atención inmejorable, vamos que hasta pudimos ver unos fuegos artificiales que tiraban al otro lado de la orilla. Fue una cena genial y os recomiendo este restaurante “Bussaracan” (web) puesto que no defraudará a los más exigentes, de echo una auténtica cena thai que me hizo recordar mucho el mes que pasé allí hace muchos años.

Después de la copiosa y rica cena seguimos paseando esta vez de noche siguiendo la orilla del Kamo hasta cansarnos, disfrutando de cada momento. Al final decidimos continuar con el paseo y regresar al hotel andando. En el camino nos metimos por calles solitarias, íbamos algo miedosos cuando de pronto nos pasaron un grupo de tres mujeres, pero destacando en medio una gheisa preciosa con unos bonitos adornos en el pelo y su rostro blanco puro, impresionante, debía ir o venir de una fiesta o eso supusimos (a saber), nos quedamos embobados pero no sólo nosotros, un ciclista que venía en dirección contraria al verla se quedó mirando tan alucinado que acabó estampado el pobre hombre contra el suelo. Jesús salió corriendo para hacerles una foto, pero ellas al ver que de pronto en la calle había algo de gente aceleraron el paso, de hecho impidieron por todos los medios que les sacaran fotos, las acompañantes se ponían en medio y la foto que tenemos de ella es con toda la cabeza girada y una de las otras tapando su cuerpo. Fue una pena pero pudimos verla y esa imagen no se borrará nunca de nuestras mentes. Al final la gheisa y sus acompañantes entraron en un videoclub donde se refugiaron de todos los seguidores que en un momento, de echo un grupo de chicos se quedó allí pegado a los cristales esperando poder verla. Desde luego debe ser poco frecuente porque en un momento se armó un revuelo importante. Así que fue de agradecer que se nos ocurriera volver andando.

Por último os recomiendo que si vais a Kioto es maravilloso caminar de noche, los faroles iluminan las callejuelas de Gion y todo se ve tranquilo y hermoso como el castillo de Nijo rodeado de oscuridad, impresiona ver su grandiosidad de noche.

Al final resultó un domingo intenso y lleno de sorpresas agradables y de buenos momentos que no acabarían ahí. También en este día quedaron ciertas anécdotas curiosas, por ejemplo cuando íbamos a salir del Kinkaku compramos unos bombones como los que nos habían dado con el te, el puesto lo llevaban dos señoras muy amables que al ir a pagar una de ellas reparó en la pulsera que llevaba, pero lo que me llamó la atención fue que no sólo fueron sus palabras y su mirada, sino que me cogió de la muñeca suavemente y acarició mi pulsera y mi brazo, digo que me sorprendió por lo del contacto entre personas pero el sentimiento que me dejó fue muy grato.

Aquí os dejo unas fotos de este día que nunca olvidaré… hasta el siguiente.

*Estuve a punto de llevarme uno de estos gatos, eran kawai

*Esto es una muestra de los restaurantes del río, pena que de noche no me salieran como dios manda las fotos

*Como veis la buena mujer se nos plantó delante y si os fijais bien la geiko tiene la cabeza totalmente girada a la pared, vamos que fue misión imposible


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domingo, 27 de abril de 2008

Kioto I: Un paraíso inesperado - Ginkaku Ji - Nijo

Después de nuestra desilusión por la mañana descubrimos que Kioto no era tan gris ni tan feo, nada más que la parte de nuestro hotel era un poco desangelada. Nuestro primer punto para visitar era el famoso Kinkaku-ji o Templo del Oro para lo que compramos un billete para el todo el día y cogimos el Raku bus. Estos autobuses son muy simpáticos, bueno en general todos los que vimos eran de estos que los ves y parecen muy destartalados, bueno lo son, pero lo peor que tienen es que son muy muy lentos, y el tráfico allí es algo denso en ciertos puntos. Así tras un largo recorrido llegamos al Templo. De camino a este salía del recinto una mujer que decir guapa se quedaría corto y es que así de golpe y porrazo nos encontramos con una gheisa con un bonito kimono rojo, la verdad nos impresionó mucho y como no intentamos hacerle una foto sin que se notara puesto que parecía que nadie podía conseguir la desesada imagen de hecho era tarea algo complicada puesto que iba rodeada de varias mujeres que evitaban poder sacar una imagen algo digna y ella misma se tapaba cuando veía una cámara. Yo en un humilde intento haciendo que enfocaba al fondo, algo lejos eso sí y con el zoom al máximo para no molestarla le saqué un par, pero salieron borrosas porque no paraban de moverse. Pero bueno es comprensible no? Ya nos sentíamos afortunados por ver aquella estampa tan tradicional y a aquella mujer tan bella y con ese refinamiento.

Como todos los templos en Japón hay que pagar una entrada pero el precio es bajo entre 300 y 600 yenes. Nada más entrar no se puede ver el templo por unos altos arbustos pero en el momento que giras en un recodo y comienzas a verlo, su grandeza y belleza te deja perplejo. Puedo decir sinceramente que me impresionó tanto como para llorar, y no me avergüenza, es una de las cosas más hermosas que he visto pero es que Kioto es un lugar hermoso y mágico y que es difícil de describir, de hecho el reflejo en el lago es tan hermoso como el propio templo, ahora entiendo la inspiración del escritor Yukio Mishima.

No se cuanto tiempo estuvimos contemplándolo pero bastante antes de recorrer el camino del recinto que era igualmente bello. Vamos que estuvimos varias horas allí sumidos en aquel lugar en el que parecía que el tiempo se detenía. La verdad es que en vez de alargarme con esto, es mejor dejaros unas cuantas fotos que hablan por si mismas.

Al final del camino descansamos bajo una sombrilla roja tomando un rico te verde con un bombón un tanto especial, como no, con oro (unas finos cuadrados de oro), que tan sólo nos costó 500 yenes por persona, que creerme merecía la pena. Después de eso nos dimos cuenta que no llegaríamos a tiempo al Ginkaku-ji (Templo de plata) puesto que entre las cuatro y las cinco de la tarde empiezan a cerrar todos los templos y demás sitios para visitar. Así decidimos por mayor cercanía ir al Castillo de Nijo que nos llevaba el mismo autobús, pero como os he dicho los buses van lentitos y cuando llegamos a las cuatro y media ya no se dejaba pasar a nadie sólo salir a los últimos grupos. Así que nos quedamos con las ganas.

Viendo que no nos quedaban muchas opciones pensamos que lo mejor era andar por la zona y ver un poco lo que es en sí la ciudad. Callejeamos un montón por la zona, aprovechando de paso para ver donde estaba la tienda de “Tozando” una conocida tienda de artículos para kendo, iaido y otras artes marciales, pero siguiendo la tradición no la encontramos y es que el mapa simplificado de nos habían dado no nos sirvió de mucho y menos para las distancias. Fue curioso pero en nuestro paseo nos cruzamos tres veces con el mismo yankee montado en bicicleta que cada vez que nos veía nos saludaba efusivamente como si nos conociéramos de siempre, fue algo bastante simpático, como si no hubiera visto un guiri en mucho tiempo, pero es que fijándonos no había ningún turista por donde caminábamos. Os puede resultar que un paseo de un par de horas por un lugar que no parece haber nada interesante es perder el tiempo sobre todo tan lejos, pero desde luego fue mucho más interesante que a lo mejor ir de un lado a otro con la lengua fuera sin llegar a disfrutar ni de un sitio ni de otro, pero desde luego podía verse el modo de vida allí, las casas, los negocios y sus gentes. Por ejemplo fue muy interesante ver trabajar a un hombre en su taller de mecánica a la antigua usanza, vamos artesanalmente.

Después de nuestro paseo estábamos decidimos ir al barrio de Gion, famoso por sus gheisas o como se diría correctamente geikos, pero eso lo dejaremos para otro post.



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