domingo, 27 de abril de 2008

Kioto I: Un paraíso inesperado - Ginkaku Ji - Nijo

Después de nuestra desilusión por la mañana descubrimos que Kioto no era tan gris ni tan feo, nada más que la parte de nuestro hotel era un poco desangelada. Nuestro primer punto para visitar era el famoso Kinkaku-ji o Templo del Oro para lo que compramos un billete para el todo el día y cogimos el Raku bus. Estos autobuses son muy simpáticos, bueno en general todos los que vimos eran de estos que los ves y parecen muy destartalados, bueno lo son, pero lo peor que tienen es que son muy muy lentos, y el tráfico allí es algo denso en ciertos puntos. Así tras un largo recorrido llegamos al Templo. De camino a este salía del recinto una mujer que decir guapa se quedaría corto y es que así de golpe y porrazo nos encontramos con una gheisa con un bonito kimono rojo, la verdad nos impresionó mucho y como no intentamos hacerle una foto sin que se notara puesto que parecía que nadie podía conseguir la desesada imagen de hecho era tarea algo complicada puesto que iba rodeada de varias mujeres que evitaban poder sacar una imagen algo digna y ella misma se tapaba cuando veía una cámara. Yo en un humilde intento haciendo que enfocaba al fondo, algo lejos eso sí y con el zoom al máximo para no molestarla le saqué un par, pero salieron borrosas porque no paraban de moverse. Pero bueno es comprensible no? Ya nos sentíamos afortunados por ver aquella estampa tan tradicional y a aquella mujer tan bella y con ese refinamiento.

Como todos los templos en Japón hay que pagar una entrada pero el precio es bajo entre 300 y 600 yenes. Nada más entrar no se puede ver el templo por unos altos arbustos pero en el momento que giras en un recodo y comienzas a verlo, su grandeza y belleza te deja perplejo. Puedo decir sinceramente que me impresionó tanto como para llorar, y no me avergüenza, es una de las cosas más hermosas que he visto pero es que Kioto es un lugar hermoso y mágico y que es difícil de describir, de hecho el reflejo en el lago es tan hermoso como el propio templo, ahora entiendo la inspiración del escritor Yukio Mishima.

No se cuanto tiempo estuvimos contemplándolo pero bastante antes de recorrer el camino del recinto que era igualmente bello. Vamos que estuvimos varias horas allí sumidos en aquel lugar en el que parecía que el tiempo se detenía. La verdad es que en vez de alargarme con esto, es mejor dejaros unas cuantas fotos que hablan por si mismas.

Al final del camino descansamos bajo una sombrilla roja tomando un rico te verde con un bombón un tanto especial, como no, con oro (unas finos cuadrados de oro), que tan sólo nos costó 500 yenes por persona, que creerme merecía la pena. Después de eso nos dimos cuenta que no llegaríamos a tiempo al Ginkaku-ji (Templo de plata) puesto que entre las cuatro y las cinco de la tarde empiezan a cerrar todos los templos y demás sitios para visitar. Así decidimos por mayor cercanía ir al Castillo de Nijo que nos llevaba el mismo autobús, pero como os he dicho los buses van lentitos y cuando llegamos a las cuatro y media ya no se dejaba pasar a nadie sólo salir a los últimos grupos. Así que nos quedamos con las ganas.

Viendo que no nos quedaban muchas opciones pensamos que lo mejor era andar por la zona y ver un poco lo que es en sí la ciudad. Callejeamos un montón por la zona, aprovechando de paso para ver donde estaba la tienda de “Tozando” una conocida tienda de artículos para kendo, iaido y otras artes marciales, pero siguiendo la tradición no la encontramos y es que el mapa simplificado de nos habían dado no nos sirvió de mucho y menos para las distancias. Fue curioso pero en nuestro paseo nos cruzamos tres veces con el mismo yankee montado en bicicleta que cada vez que nos veía nos saludaba efusivamente como si nos conociéramos de siempre, fue algo bastante simpático, como si no hubiera visto un guiri en mucho tiempo, pero es que fijándonos no había ningún turista por donde caminábamos. Os puede resultar que un paseo de un par de horas por un lugar que no parece haber nada interesante es perder el tiempo sobre todo tan lejos, pero desde luego fue mucho más interesante que a lo mejor ir de un lado a otro con la lengua fuera sin llegar a disfrutar ni de un sitio ni de otro, pero desde luego podía verse el modo de vida allí, las casas, los negocios y sus gentes. Por ejemplo fue muy interesante ver trabajar a un hombre en su taller de mecánica a la antigua usanza, vamos artesanalmente.

Después de nuestro paseo estábamos decidimos ir al barrio de Gion, famoso por sus gheisas o como se diría correctamente geikos, pero eso lo dejaremos para otro post.



Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.