sábado, 26 de abril de 2008

Viaje a Japón VII: ADIOS TOKIO - HOLA KIOTO

Llegó como no finalmente el sábado, nuestro último día en la ciudad de Tokio.Teníamos planeado pasar gran parte del día en Tokio antes de coger el shinkanshen a Kioto donde continuaríamos nuestro viaje. Pasamos la mañana entre Shibuya y Akibahara un poco de compras y otro poco deambulándo. Primero paseamos por Shibuya de día, que nos resultó bastante más tranquilo que la noche anterior y más placentero. Al final nos tuvimos que ir porque cada vez cargábamos con más cosas, de hecho salimos del Apple Store ya con suficientes así que pensando en todo lo que nos llevábamos decidimos como os he dicho ir a Akibahara que habíamos visto una maleta que nos venía bien y así de paso por fín ver el dichoso Mandarake, que nos habían encontrado la dirección en el hotel.

Cuando llegamos a la Ciudad Eléctrica vimos que había bastante más gente que entre semana , era un auténtico bullicio, un ir y venir contínuo de gente que se hacía más intenso en las callejuelas en las que los aparatos electrónicos parecían frutas apiladas por todos lados. Al primer sitio que fuimos fue como no a Mandarake pero en cuanto subimos a la quinta planta de un edificio bajo nos quedamos con un chasco, ya que nada más abrirse las puertas del ascensor vimos que enteramente estaba dedicada a hentai, vamos que no dimos ni una. Una vez salimos de allí curioseamos todo lo que quisimos y más, diciendo la verdad a veces agobia un poquito eso de no parar de ver cosas que comprar, vamos que cuando llegamos a comprar la maleta ya deseábamos descansar un poco de tanto ordenador, cámara, oferta, más cámaras… jejeje. Aún así no dejé escapar el poder ver un poco de manga en algunos de esos edificios repletos tomos y más tomos, aunque con toda la gente que había finalmente me fui sin nada. Nos resultó un poco locura después de tanto cansancio acumulado y tanta gente pero fui algo que tampoco cambiaríamos por nada.

Regresamos de nuevo al hotel a recoger nuestras maletas que habían guardado amablemente y bajamos a un Family Market que había en nuestro edificio, allí cogimos algo para picar y en la terraza que tenían reorganizamos las maletas y lo preparamos todo para ir a la estación de Tokio, no sin antes claro hacer algunas fotos más que para eso hacía un día muy bonito.

Así cargados con nuestras maletas fuimos a comprar los billetes a Kioto. Lo primero que nos llamó la atención fue que los Shinkanshen salían cada cuarto de hora, nosotros decidimos coger el siguiente por no ir corriendo al andén y llevar tiempo suficiente, además cogimos el Nozomi que es un poco más rápido, en dos horas y media estaríamos en Kioto. Y lo siguiente que nos llamó la atención fue que por primera vez en tantos días vimos a la pocilia, un montón de policia bien armada y es que dos días antes habíamos visto en las pantallas del metro avisos de una amenaza de bomba, pero a pesar de ello en todo momento nos sentimos seguros y la mar de tranquilos.

Al llegar al andén nuestro tren estaba allí que lo estaban preparando para el viaje, fue sencillo y rápido encontrar el vagón y la puerta, como todo en Japón, parece imposible perderser por allí. Y bueno llegó la hora de montar en el tren bala más conocido, primero un montón de espacio, asientos anchos y muy cómodos, y una suavidad increíble tanto en el trayecto como en el arranque y las paradas, y es que si no miras por la ventana no te das cuenta de que estás en marcha. Vamos que hoy en día tras coger el tren a diario me parece que algo así no puede existir de no ser porque he montado en él.

Llegamos a Kioto ya de noche, algo cansados pero dispuestos a disfrutar antes de regresar a España. En la estación cogimos uno de los autobuses de los que ponía a disposición el propio hotel, y así llegamos al Righa Hotel, que en principio parecía estar bien, además nos habían dicho que tenía vistas a un bonito templo y sus jardines. Pero no se si fue mala suerte o que pero nos decepcionó por todos lados. Lo único que tenía es que estaba a 10 minutos de la estación pero nada más. El restaurante tan famoso que tenían en lo alto estaba cerrado por reformas, las vistas eran al techo de un edificio feo que parecía que estábamos en una jaula (sólo podías ver a lo lejos las verdes montañas), la habitación además de ser fea con ganas, estaba vieja y por todos lados se veían desconchones, grietas y bueno un sin fin de cosas más que fuimos fotografiando para luego quejarnos en la agencia. Vamos todo un acierto hablando irónicamente. Así salimos a cenar un poco desanimados preguntándonos si el haber ido a Kioto era un error. La verdad es que lo que vimos de camino a la estación de tren de nuevo nos pareció gris y triste, incluso la gente nos parecía más triste. Y así más o menos acabó nuestro día esperando que el día nos trajera más ánimo.



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