domingo, 23 de marzo de 2008

Viaje a Japón VI: Ginza - Ueno - Shibuya

Continuando nuestro viaje por tierras niponas y después sobre todo de vivir un tifón como dios manda, nos quedaba poco tiempo por Tokio y muchas cosas por ver, así que en el desayuno decidimos acercarnos por Ginza con el pateo que conllevaba. Hay que decir que desayunando metimos un poquito la pata, todo fue porque no llevábamos incluido el desayuno y como decidimos probar el del hotel pues pasó lo que toda persona con cabeza sabe, que nos clavaron un buen dinero, eso si comimos de maravilla y de todo (la ley de amortización española).

En nuestro recorrido se nos había antojado ir al Apple Store que hay por la zona pero como siempre pues no lo encontramos, menos mal que no íbamos sólo a eso que sino vaya decepción, pero nos quedaron historias curiosas como esta: Buscando vimos a un chico vendiendo revistas en la calle al que preguntamos evidentemente pero sólo logramos asustarle por la cara que nos ponía, así que para que la molestia fuera menos le compramos una revista, si en japonés de cabo a rabo, vamos el chico se quedó en estado de sock! y es que me pregunto lo que pensaría, pero en ambos caso seguro que le pasó por la cabeza que vaya par de guiris más locos, y no me extraña.

Caminando y caminando recorrimos gran parte de la zona, viendo todo lo que se nos antojaba, pegando las narices a los escaparates y alucinando otra vez, se supone que estás en una zona "super pija", en la que el dinero fluye, y recuerdo que entramos en una tienda de peluches (yo y mis colecciones), había de todos los precios, algunos bastante exagerados, yo me llevé una rana que nos costó unos 1000 yenes, pero nos dejó perplejos que me lo envolvieron con todo cuidado con lazo y cintas incluido más la bolsa de rigor, para dárnoslo con una amplia sonrisa, a lo que los dos pensamos lo mismo... en España lo primero si la tienda es pija de entrada ya te miran y te tratan mal, y segundo en cualquier tienda te gastas sólo seis euros y vamos como mucho te lo dan en un bolsa guarra sino es que te lo tiran despectivamente por no haber hecho una compra superior.

Nuestra visita también incluyó acercarnos al edificio Sony, por cierto nos pareció el edificio más feo de la zona, eso sí muy cuidado el tema turismo ya que tenían folletos en un montón de idiomas, pero vamos nos decepcionó un poco el sitio, y es que si esperáis ver algo más allá... vamos que es una tienda de Sony pero muy cuidada. Después de eso y algunas cosillas más nos decidimos a entrar en un restaurante de un centro comercial, poco japonés eso si, como que era comida italiana, en el que mi madre que bien que comimos, la pizza de Jesús estaba genial, la mejor que hemos comido, y es que en cualquier sitio en Japón la calidad es algo que se tiene bastante en cuenta, además de un servicio estupendo.

De allí seguimos nuestro itinerario que era acercarnos al parque Ueno donde está el Museo Nacional de Tokio y sus maravillas. Y es que ese era uno de los puntos que estaba deseando visitar, para el que me conozca sabrá que una espada japonesa , un Bogu o un Yoroi me pueden hacer la persona más feliz. Asi que allí nos dirigimos para no dejar de asombrarnos.

Hay que decir que el parque es un maravilla y en el que puedes pasar un día sin parar quieto ni un sólo momento ya que la oferta de ocio es bastante extensa. Por lo que vimos en un plano a la entrada allí podías elegir entre ir al Museo Oceanográfico fácil de encontrar por la gran ballena que hay a la entrada, el Zoo, descansar y comer algo observando el lago... o como hicimos nosotros ir a este interesante Museo.

Para empezar el recinto del museo es bonito con ganas que está dividido en tres edificios, cada uno dedicado a épocas bien definida, aunque el de arte moderno me parece que estaba cerrado, de todas maneras sólo con el edificio central ya teníamos suficiente para una tarde entera. El lugar por suerte estaba casi vacío por lo que paseamos de lo más a gusto entre las salas disfrutando de la historia de Japón. No voy a entretenerme en cada detalle pues es algo que es mejor ver que contar pero había objetos de lo más curiosos. Lo que me impresionó fue el poder fotografiar el interior aunque en algunas piezas especiales un cartel te avisaba de no hacerlo. Aún así como eso de ser demasiado respetuoso es algo que no podemos dejar de serlo nos mantuvimos con las manos alejadas de la cámara y nos dejamos llevar por la historia.

Ya en la planta superior pude satisfacer mi fantasía con todas esas espadas tan bien cuidadas que parecían hipnotizar al visitante con los relucientes filos, también había magníficos bogu algo deteriorados como es de suponer e incluso pude ver las Niigatas que siempre me habían llamado la atención. Pero entre tanta antigüedad y mientras me entretenía mirando Jesús tuvo que ir al baño cuando para mi sorpresa salió para pedirme la cámara. Hay que tener en cuenta que su metro noventa de estatura podía ser algo complicado en Japón pero este baño era... bueno verlo vosotros mismos:

La verdad que nos hizo mucha gracia y aún hoy no sigue haciendo mucha gracia.

Después de pegarnos una buena caminata dentro salimos cuando vimos que aquel lugar era aún más hermoso al atardecer así que nos sentamos a disfrutarlo. Puede parecer que cuando viajas tan lejos hacer cosas así es una pérdida de tiempo y que lo normal se
ría volver y poder contar las miles de cosas que has visto en siete días, pero a veces hay que poner el freno y disfrutar de lo que una imagen tan sencilla como esa en un lugar así te da. Fue un atardecer genial sin más que él estar allí respirando, pensando que triste es ir fuera de tu casa y no darte estos placeres y lo que nos hubiera gustado que estuvieran en ese instante familia y amigos para disfrutarlo con nosotros.

Una vez más rendidos pero con ganas de exprimir hasta el último minuto decidimos preguntar en un puesto si conocían donde estaba Mandarake, pero parecía que no lo sabían aunque una chica nos dijo que le sonaba que estaba en Akibahara, así que fuimos de nuevo, y allí preguntamos y un hombre nos comentó que posiblemente estaba en Shibuya. De nuevo metro aquí metro allá llegamos a Shibuya. No se si por el cansancio o que pero recuerdo que casi me da algo entre tanta gente y tantas luces. Pudimos comprobar que la zona estaba mucho más viva ya anochecido y que las tiendas estaban abiertas todas, y es que Shibuya tiene una vida que hay que estar allí para sentirlo. Los ojos se nos iban de un lado para otro con cualquier cosa y es que hay que decir que su ambiente es genial pero hay que ir descansado y para nada tratando de encontrar algo que era imposible. Finalmente decidimos entrar a tomar un te helado para reponer fuerzas y de paso porqué no preguntar.

La chica que nos atendió fue encantadora y tuvo un gran detalle con nosotros, parecía sonarle el nombre de Mandarake y a pesar de la larga cola tras nosotros se puso un poco apartada en la barra y nos dibujó un plano y nos indicó el camino.Seguramente pasó unos 10 minutos en ello pero hasta que no nos vió convencidos de que la habíamos entendido no se quedó tranquila, la verdad es de agradecer gente tan amable cuando vas por ahí sin conocer nada. Pero como imaginaréis no encontramos el dichoso lugar que empezamos a creer que era una leyenda. Y es que a veces uno debe bajar el ritmo, descansar bien y seguir, porque sino puede haber momentos en los que dan ganas de tirarte al suelo y decir aquí me quedo. Se que andamos como demonios arriba y abajo, buscando nuestro objetivo y arbumados por tanto neón, comida y gente, pero a pesar de esa especie de agobio fue algo inolvidable, vimos de todo y hasta sentimos que estábamos allí como uno más y no de vacaciones.

Finalmente decidimos regresar al hotel que no pisamos hasta bien entrada la noche. Eso si una anotación que os habréis fijado que falta, es la del famoso cruce tokiota por excelencia que parece presidido por el Shibuya 109 (en neón como no) y la gigantesca pantalla... a lo que sólo tenemos que decir que "apabullante" tanta gente cruzando tan bien organizada (mirándonos porque íbamos casi de colocón del cansancio) , en pocas palabras nos resultó impresionante bajo la noche.


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